Creíamos que nunca nos pasaría. ¿Ninguno imaginó? Son cosas misteriosas de la vida. Tal vez por eso, forma parte de los secretos. Un virus de rosas mortuorias, derrumbando la vida entre tumbas, se ve al hombre entre rogatorias.
Pide clemencia al Cristo libertador
para ver derramar el río de Gracia, que pueda aplacar el misterioso virus, para que no
imponga más su cuota de dolor. Virus, ruñes la vida como piraña, la destrozas, la derribas de manera letal.
Mira la vida tan gustosa para este virus, es un psicópata, un cáncer, un asfixiador. ¡Detente! No quiero seguir viendo a mis amigos
en el cajón. Es un asunto que cuestiona, da muerte y sin herida, y sin
detención.
Despierta
al hombre del sueño y mira al que está en el leño. Pone de rodillas al paciente. Ponga su empeño, y no su desvarío, no te alejes de quien es la Verdad
y así no sientas el desvanecido frío de la muerte, que ronda visiblemente entre calles y zaguanes, metido en la sangre humana, y viviendo oculto y sin descuido.
Cautivo en casa sin compromisos laborales, los vientres de
mis hijos ya se encuentran malheridos, es un clamor que hago para que inclines Señor tus oídos, mira que tú venciste las fosas y te
metiste entre los vivos.
De la muerte a la vida está la pascua para siempre.
Del virus a la vida esta la muerte y un posible arrebato.
Virus trasformado en zombi, desgarrador de la vida, arrebatas al vecino, al amigo y al conocido, eres un sacrílego de la vida, un asesino.
Quiero agua samaritana, la que le calmó la locura, la que hiciste tuya y la convertiste en agua pura. Derrama tu
gloria para no seguir sintiendo esta amargura. Tenme por dicha, sentir tu amor como la flor, y en su color te ofrezco Señor mi oración.