Cuando al alma le aflige la tristeza, se llama a Dios que ve en lo escondido, Él la destroza, para que no se burle de mí.
No pierdo la fuerza, que despoje lo que agobia. Escucho a Dios en el silencio, cuando tengo mucho por decir.
Cada vez desaparece, cuando escucho su voz, su presencia me llena para no olvidar el misterio del amor.
Aunque soy lo que siempre quise ser, no soñé con tristezas paralizantes, encajadas en las esferas de la vida.
Que no me olvide de ti Señor, pregunta por mí, no cambies tú, como lo hago yo. Que no se me vaya la vida lejos de ti.