lunes, 17 de enero de 2022

ENTRE LA PILA BAUTISMAL Y ALTAR, ESTÁ LA ETERNIDAD


De frente del altar a la distancia de la pila bautismal, donde me dieron mi nombre, no es una distancia abismal. 

Fue allí donde entré a la eternidad para gozar de la Trinidad, cuando mis ojos se apagaran, cuidando el alma de alguna maldad.

Entro en la alianza bautismal, besándola con inocencia, pero muriendo para la eternidad, ¡que terrible para quien no lo entienda!, ¡qué dicha la Dios!. 

Con el alma en la eternidad ya no hay muerte, es el milagro del Dios de la vida, aunque me veas inerte 

No hablo de tu dolor al sufrir mi muerte, esa melancolía no se quien la cure, un rosario que apacigüe la tristeza, mientras se escurre 

Aunque el cuerpo al final es nada, no escondas dolor y tristeza, huye, corre, ponte de prisa como María Magdalena al sepulcro  a encontrarse con la Pascua.

viernes, 14 de enero de 2022

LA TRISTEZA CON QUERER

       

Una honda tristeza se incrustó en mi alma y me esta destruyendo, varias son las lágrimas que rondan mi rostro y me tienen sufriendo. 

Nadie me consuela en mis largas noches. Me tiene vencido la desilusión. Este sentimiento, es un sentimiento de amargura. 

Es que te amo tanto Señor, que él estarte orando, lo volví costumbre, y siento miedo que así pueda perderte 

Si quieres que te ame Señor, estate  conmigo, si dejas de quererme, la tristeza me traerá la muerte 

Es tanta la tristeza que posee mi alma, que me parece que me estoy muriendo, el único regalo es que vivas por dentro. No te asustes Señor, que si estoy así, es porque te quiero. 

domingo, 9 de enero de 2022

POEMA DE MI MUERTE



La muerte es un paso y lo he dado. Ustedes siguen en la tierra, yo en el cielo. Lo que fui en cuerpo lo seguiré siendo en alma. Y mi nombre seguirá en vuestras mentes.

Pensad en mi como si estuviera en  cuerpo, no finjas tu voz en tristeza cuando hables de mi. No infles tus ojos en llanto, recordad que la vida me la dio Dios y la he tornado a Él. Rezad por mi, clamad en la Eucaristía por mi alma y sonreí allí.

¿Notáis mi ausencia? No pasa nada. Todo está bien. Solo he tomado la mano de Dios y camino con Él por senderos eternos, inmutables y venideros para mi alma.

¿Lloráis simplemente porque me veis inerte inamovible? Despreocúpate. Te veo. Es otra la dimensión de la vida con Dios. Es más interesante ver a Dios que lo que veía con mi cuerpo. No estoy lejos. Solo me he pasado a vivir con Dios, por eso os dejo.

No lloréis por mi, que yo aprendí a morir como el grano de trigo, para encontrar otra vida, la que siempre quise, desee y poseo.

Solo os pido como Santa Mónica, tenedme presente en el altar de cada templo, cuando a vuestras memorias llegue.