martes, 2 de febrero de 2021

LA ÚLTIMA VIDA DEL PESCADOR



Después de estar a las orillas del mar y soportar el fuerte sol junto a los tiempos de lluvia en las inmensas aguas marinas, con el coraje de acompañar por largos años a los pescadores de vocación y profesión, decidí arrastrar mi canoa mar adentro. Lo único que me acompañaba era los rayos del sol encima de las aguas movedizas por los vientos que la golpeaban. Mi ilusión de navegar era cada vez más intensa, luche por conseguir mi canoa y experimentar aquello de ser para toda mi vida un pescador profesional. Cada pez atrapado en mi red me robaba una sonrisa, me atrapaba la vida. 

Mi perfil como pescador era impecable, de buena higiene, paciente, precavido, invocador al Dios Trino, fiel a mis tareas, la honestidad de vida como pescador resplandecía como los rayos del sol en el horizonte que forma el ocaso más gustoso para los ojos cuando gozas de las orlas de sus colores.

Cambie de mar para pescar otra calidad de peces, tener otras ilusiones otras perspectivas y ensueños, ser un pescador independiente de mis compañeros. Zarandear las redes, tirar el anzuelo, halarlo con mis propias fuerzas en el abundante estanque de agua con Cristo en mi alma, era lo que me gritaba el corazón ruidoso.  

En este nuevo mar en donde la vista es hermosa, encantadora, y en el que me sentía independiente y disfrutaba de la libertad de demostrar cual era el espíritu de pescador que llevaba, puse mi canoa encima de las aguas para recopilar destreza y avance...

Al fin de un tiempo perdí la centralidad de mis acciones, me llegaron olas fuertes, más que las primeras, las enfrenté muy bien, sobrepasándolas, eran inmensas, poderosas, a simple vista parecía que no tendría la  suficiente fuerzas para vencerlas. Fui un héroe venciéndolas. 

A los años y a medida que vas disfrutando del tiempo de cada día, descubrí que había avanzado hacia las profundidades, hacia los abismos, perdí de vista el suelo firme, la blanca vela se fugaba entre el viento. Solo se visionaba agua y algún pelicano zambullendo su cuerpo en las aguas, zarpando con su afilado pico los peces descuidados en la superficie marítima.   

¿Quién me ayudará a salir de aquel fangoso ruedo? En aquella situación se apodera de mi el dios Zeus, en el que sientes que te destroza, te maltrata, se ríe de ti, juega contigo, abuza de tu condición para aumentarte la angustia, se te compunge tu vida, se te revienta la hiel por dentro y no tienes paz, la vida se vuelve demasiado amarga. Entran pensamientos de lanzarse fuera de aquel bote y convertirse en alimento para los monstruos del mar. 

La vida en aquella condición, se diluye, se desmorona, se destroza toda la existencia. Mira como ese  hombre se muere lentamente en medio del mar, su orgullo, su soberbia lo llevaron a tomar decisiones obedientes a sus deseos, a sus principios erráticos, que solo le facilitaron los abismos infernales y tenebrosos como los que tiene las ancladas aguas del mar. 

De pronto noté que dentro de la canoa hay un agujero diminuto pero peligroso y muy disponible para que el agua fluya con toda tranquilidad hacia los adentros del bote.

No estoy curtido por la crudezas del mar, ni manchado por el sol, soy un pescador joven, alegre, con capacidad de seguir el día a día, con ganas de más aventuras, de conquistar más  noches pescando bajo el bello cielo; veo mi vida en peligro, cada golpe de la ola expandirá más el agujero, estoy solitario en este mar, sus fuerzas superan las mías para vencerlo. 

Mi mente viaja a la velocidad de la luz a aquellos tiempos vividos donde la sonrisa formaba un arcoíris en forma de lluvia mezclada con sol. En la medida que avanza, acumula más agua, la tristeza me embarga, no tengo como remediar el daño, estoy dentro y la muerte entra liquida por un orificio que derribará mi vida a las profundidades del mar. 

Lloro viendo mi vida en estas condiciones, solo por el fogaje de las ansias de saborear los gustos del placer como pescador; la satisfacción de tener cantidad de peces me llevaron a obrar erróneamente. Muero en lo solitario, muero en mis decisiones, muero con un cielo estrellado pero con la vida ahogada, muero sumergido en las aguas cristalinas de este inmenso mar y rescatado por algún marinero, pero muerto en las aguas turbias que condenan para la eternidad.