I
Madre querida, siempre presente,
tu amor me da libertad;
eres mi fuerza constante,
y olvidarte… nunca jamás.
Cuando el reloj me roba el día,
parece que me alejo de ti,
pero en mi pecho late todavía
el recuerdo que me une a ti.
He venido a encender la llama
que la ausencia dejó dormida,
buscar contigo la esperanza
que nos devuelva a la vida.
Eres la protagonista de mi historia,
en ti hallo caminos y salidas,
mis pupilas te buscan perdidas.
He resumido en silencio nuestro amor;
callamos los besos, pero sabemos
que nos amamos con honor.