Un almuerzo con escucha 03/12/18
Fue con la señora Socorro Guzmán, recorrida en su trayectoria existencial, si bien, se muestra afable para conmigo, además, que suele regalarme cada ocho (8) días, naranjas para tomar jugo en la mañana, es una costumbre de hace años atrás para prevenir la gripa o mejor para adquirir la vitamina (C), recae, pero leve.
Las manos de Socorro tocaron mis gustos para la comida, confieso que tiendo más a la sopa, que de gustar el seco. Son gustos que da Socorrito.
En lo que sigue, he sostenido que la mesa, no es solo para comer, sino para compartir la vida, por ende, la mesa cuenta con varios espacios, por el mismo motivo. La vida es para contarla, para desnudarla en la mesa, aprender de quien la cuenta.
Sin embargo, para sentarse en la mesa, hay que tener una cualidad: saber escuchar, más que hablar; ahí la persona se puede desahogar de lo que no ha podido contar a nadie por días, años o horas por el simple hecho de que ninguno se ha detenido a regalarle un poco de tiempo.
El dar tiempo al otro es el mejor regalo, inyecta vida, limpia y desata el alma por múltiples nudos que se van formando a medida de las decepciones y actitudes, palabras que hacen que la vida se convierta pesada. Se me viene a la mente ese versículo del evangelio de San Mateo. “Venid a mi todos los agobiados y triste que yo os aliviare, ya sabes que mi carga es ligera y mi yugo llevadero”. Y más por mi condición de Diácono, estoy para escuchar, así Dios abrirá una puerta y el actuará. “Escucharás al pequeño y al grande”, así dice el libro del Éxodo, es otra manera de liberar a las personas que sufren en silencio por el motivo de no ser escuchadas.
Saber escuchar más que hablar, porque cuando escuchas brindas paz, tranquilidad.
Acompañar al otro en sus óbices para que dé el paso a la victoria, siempre hacia delante. Así es la vida de muchas personas no solo la de socorro, sino de otras más personas que están ahí esperando a que alguien les escuche. Si logras escuchar a alguien verás en su rostro felicidad. Te lo aseguro.

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