LA FAMILIA PANAMEÑA EN JMJ (Jornada Mundial de la Juventud)
Está acompañado por José y María,
por eso me acogió como el sol a
medio día, en la JMJ, donde
juntos vivimos la alegría.
Me hizo parte de su amor en la
Me hizo parte de su amor en la
familia, festejada en armonía, por
el encuentro de su alma con la mía.
Me aguardó de noche y de día con
las mejores melodías, ¡qué emoción!
yo haré lo mismo cuando pises la mía.
No se me olvida ni la noche ni el día,
Cuando al llegar a pedernal con alegría,
me recibiste con esa cálida bienvenida
No se me olvida ni la noche ni el día,
Cuando al llegar a pedernal con alegría,
me recibiste con esa cálida bienvenida
Con el corazón de María los jóvenes viven,
bajo la fe que nos unió sin estilos y horizontes,
peregrinos buscando lo sublime del Cristo Joven.
Días de cielo azul que me hizo ansiar nubes,
que formaran sombras para aquel dulzor sol,
que al descargar su luz embelesó mi color.
Saber que mi piel de blanco se revestía, y sin
rigores de otros días, con cantos de brisas,
rigores de otros días, con cantos de brisas,
compañeros se robaron mis suaves sonrisas.
Es un camino de lógica razón, ver la Iglesia en oración,
la única llave que sana al joven corazón, para que con
María vivamos el amor, para no caer en la tentación.
Además, tengo muchos amigos de otra nación,
en los que juntos dijimos vivir siempre en oración,
atraer otros jóvenes para la próxima celebración.
en los que juntos dijimos vivir siempre en oración,
atraer otros jóvenes para la próxima celebración.
Esto te cuento de la JMJ, los cinco continentes
se lucieron con lo mejor, así mis ojos se abrieron
gustosos, viendo al mundo de otro color.
Y a los mensajes del Papa Francisco
los jóvenes le metíamos el mordisco,
algo hermoso que nunca habíamos visto.
Y a los mensajes del Papa Francisco
los jóvenes le metíamos el mordisco,
algo hermoso que nunca habíamos visto.
En tarima o en campo, se gestó el amor
de los corazones jóvenes, salía el clamor,
pedir el matrimonio y vivir con el Señor.
de los corazones jóvenes, salía el clamor,
pedir el matrimonio y vivir con el Señor.
Se ha quedado en la experiencia de mi fe,
los más hondos recuerdos, que no son
pocos, que hasta el más cuerdo de
nosotros, sintió tristeza al decir adiós.

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