domingo, 9 de enero de 2022

POEMA DE MI MUERTE



La muerte es un paso y lo he dado. Ustedes siguen en la tierra, yo en el cielo. Lo que fui en cuerpo lo seguiré siendo en alma. Y mi nombre seguirá en vuestras mentes.

Pensad en mi como si estuviera en  cuerpo, no finjas tu voz en tristeza cuando hables de mi. No infles tus ojos en llanto, recordad que la vida me la dio Dios y la he tornado a Él. Rezad por mi, clamad en la Eucaristía por mi alma y sonreí allí.

¿Notáis mi ausencia? No pasa nada. Todo está bien. Solo he tomado la mano de Dios y camino con Él por senderos eternos, inmutables y venideros para mi alma.

¿Lloráis simplemente porque me veis inerte inamovible? Despreocúpate. Te veo. Es otra la dimensión de la vida con Dios. Es más interesante ver a Dios que lo que veía con mi cuerpo. No estoy lejos. Solo me he pasado a vivir con Dios, por eso os dejo.

No lloréis por mi, que yo aprendí a morir como el grano de trigo, para encontrar otra vida, la que siempre quise, desee y poseo.

Solo os pido como Santa Mónica, tenedme presente en el altar de cada templo, cuando a vuestras memorias llegue. 

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